“Tomaré lo mismo que ella”

Imagina (o recuerda) esta situación: vas andando por la calle y, de repente, te llega el olor de esa tienda que tanto te gusta. Llegas al escaparate y ves esas fotos, esos maniquíes, con esa ropa tan nueva, bonita y perfecta, esa sonrisa y, por qué no, esa vida que tanto anhelas. Entras y allí está, ese estilo de vida que tanto quieres a tan sólo un tarjetazo de distancia. Al final sales con una bolsa en la mano y la sensación de que ahora tu vida se parecerá más a la de las modelos de esas fotos tan felices, guapas y populares.

Pongámonos ahora en un contexto más científico. En 1992 el científico Rizzolatti estaba estudiando una zona del cerebro de un tipo de monos, concretamente el área premotora. Una tarde, uno de sus estudiantes apareció con un helado y al pararse delante de uno de los monos, el monitor empezó a sonar, a pesar del que el animal no había movido un músculo. Tan sólo por la observación, el mono había imitado el gesto del estudiante al llevarse el helado a la boca. Rizzolatti y su equipo estudiaron durante varios años el funcionamiento de las “neuronas espejo”, descubriendo que no se disparan siempre, sino sólo los “gestos objetivo”, como aquellos en los que hay un objeto, no simples movimientos al azar.

Ahora viene la pregunta obvia, ¿funciona nuestro cerebro igual? Pues bien, muchos han sido los que se han dedicado a estudiar este fenómeno y la respuesta es: si. Tanto cuando una persona realiza una acción como cuando la está observando, se dispara la parte inferior de córtex frontal y la superior del lóbulo parietal. Esto explica por qué sonreímos cuando alguien está feliz o que hagamos una mueca cuando vemos a alguien que está dolorido.

¿Recuerdas cuando decías que jamás te comprarías ese móvil/zapatos/cualquier-cosa-que-estuviera-de-moda y, sin saber cómo, ibas exactamente igual que los demás? Sabes esa sensación de orgullo cuando te equipo marca un gol, ese subidón cuando Bruce Willis despacha al malo de la película o ese sentimiento de elegancia que recorre el cuerpo cuando vemos ballet, bien, eso se lo debes a las neuronas espejo. Al igual que los monos, nuestro cerebro reacciona como si fuéramos nosotros mismos quienes marcamos el gol, acabamos con el malo o volamos en el escenario.

Estas neuronas, además, nos hacen más empáticos (sin que muchas veces seamos conscientes de ellos). Por ejemplo, si estamos con una persona mayor, caminamos más despacio o cuando bajamos la voz si alguien nos habla susurrando.

Bosteza. Lo más probable es que estés bostezando o que vayas a ello. Este es el ejemplo más claro de las neuronas espejo en funcionamiento. En resumen, cada vez que vemos (o leemos) a una persona realizando una acción, en nuestro cerebro se “encienden” las mismas regiones que si fuéramos nosotros mismos los que estamos en movimiento.

By |2017-09-05T02:34:08+00:00diciembre 1st, 2015|Blog, Destacado|Comentarios desactivados en Neuronas Espejo